La familia (del latín famīlia) es un grupo de personas formado por individuos que se unen , primordialmente, por relaciones de filiacióno de pareja.1
El Diccionario de la Lengua Española la define, entre otras cosas, como un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas2 , lo que lleva implícito los conceptos de parentesco y convivencia, aunque existan otros modos, como la adopción.
Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.3
Los lazos principales que definen una familia son de dos tipos: vínculos de afinidad derivados del establecimiento de un vínculo reconocido socialmente, como el matrimonio4 —que, en algunas sociedades, solo permite la unión entre dos personas mientras que en otras es posible la poligamia—, y vínculos de consanguinidad, como la filiación entre padres e hijos o los lazos que se establecen entre los hermanos que descienden de un mismo padre.
También puede diferenciarse la familia según el grado de parentesco entre sus miembros.No hay consenso sobre una definición universal de la familia. La familia nuclear, fundada en la unión entre hombre y mujer, es el modelo principal de familia como tal, y la estructura difundida mayormente en la actualidad.
Las formas de vida familiar son muy diversas, dependiendo de factores sociales, culturales, económicos y afectivos. La familia, como cualquier institución social, tiende a adaptarse al contexto de una sociedad.5
El Día Internacional de la Familia se celebra el 15 de mayo.
IMPACTO DE LAS SEPARACIONES CONYUGALES EN LA FAMILIA
El impacto psicológico que la decisión de la separación parental puede tener en los hijos depende de numerosos factores, entre ellos la edad. Dependiendo de la edad evolutiva de los pequeños la capacidad de comprensión de la situación será diferente y, por tanto, su reacción también.
A día de hoy no está clara la etapa en la que los hijos son más vulnerables a este proceso, pero numerosos autores apuntan a la edad preescolar como la más crítica, sobre todo teniendo en cuenta el nivel de desarrollo moral y personal de los pequeños de esta etapa. Es precisamente en este estadio cuando los niños suelen presentar más sintomatología de ansiedad, miedo al abandono y autoculpabilización. Son evidentes, también, alteraciones en el juego y en el concepto familiar, reflejado en las producciones artísticas.
Podemos observar, asimismo, regresiones en el comportamiento del pequeño (chuparse el dedo, habla infantil, relajación de esfínteres.).En la etapa escolar la sintomatología puede encontrarse más cercana a la depresión que a la ansiedad, aunque no se descarta comorbilidad en ningún caso.
Pueden hacerse patentes temores al abandono, así como problemas evidentes de comportamiento mostrados con ambos padres, comportamientos que tienen como finalidad manifestar una reacción ante la nueva realidad que les toca vivir y que, en cierto modo y dentro de unos límites, se deben permitir en los inicios. Es importante que los hijos (ya sea en la etapa que sea) puedan expresar sus emociones y frustraciones ante una decisión que les afectará pero que está fuera de su control.La pre-adolescencia y adolescencia son etapas de cambio a nivel emocional y psicológico en los hijos, y es por ello que pueden considerarse complicadas a nivel de reacciones y afrontamiento de la nueva situación.
Pueden darse problemas de ansiedad, agresividad e, incluso de identidad; aunque, por otra parte, puede producirse una retirada de la situación tomando como eje de apoyo al grupo de iguales. Son edades de vulnerabilidad a la depresión y a sentimientos o intentos de suicidio si no logran empatizar con las circunstancias que presentan los padres como motivantes del divorcio.